SOBRE LA DEMOCRACIA

Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres. Rosa Luxemburgo.

En estos tiempos convulsos choca sobremanera, el uso laxo que se hace de la palabra democracia. Todo es democracia, para unos y sus contrarios, bajo su paraguas se amparan toda clase de tropelías, verbales, físicas, éticas, estéticas, de todo tipo. Desde que se impuso la doctrina del fin de las ideologías, Daniel Bell, defendida hoy en día desde posturas más conservadoras por los pensadores neoliberales, Fukuyama principalmente, parece que todo vale, que todo se puede decir, bajo la impronta democrática. Deberían ser los poderes públicos, legislativo, ejecutivo, judicial, junto con los canales de divulgación de la información, cuarto poder, quienes velasen por la correcta utilización de la terminología, cuando menos por desenredar la madeja que embrolla el debate político, confundiendo a la opinión pública.

Es normal, en el tratamiento de la información sobre la independencia de Cataluña, que los valedores de la misma, se arrojen que todo lo hacen legitimados por los valores democráticos, como, a su vez, aseguran quienes defienden lo contrario. La cuestión entonces es si en democracia cabe todo, si todo lo justifican los votos o si la democracia es solo lo que la mayoría del momento proponga.

En esta entrada, no seré pretencioso, abarcar toda esta enjundia se me antoja complicado, por lo que no ahondaré en tan sesudo debate, más allá de intentar clarificar algunos conceptos. Para finalmente añadir un pequeño breviario de lo que han sido los referendos en España. Aunque opino como el escritor Petros Márkaris, quien en una reciente entrevista para la revista, ctxt.es, afirmaba no creer en los referéndums porque llevaban a la gente a votar emocionalmente, al menos mientras no vivamos en una democracia directa. El Estado español tiene un Sistema de Gobierno conocido como Monarquía Parlamentaria, no olvidemos, en esta el Jefe del Estado no se elije democráticamente.

Es habitual escuchar los términos, referéndum, plebiscito, consulta, elecciones, comicios, sufragio o voto, cuando hablamos de formas de legitimación democrática. En los medios de comunicación, en boca de políticas y políticos, en charlas de bar, en ocasiones para adornar las alocuciones, en otras para evitar redundancias, la cuestión es que su mal uso o abuso nos lleva a confusiones.

Así es que por referéndum entendemos el procedimiento por el que se somete a voto popular leyes o decisiones políticas con carácter decisorio o consultivo, normalmente vinculado a la constitución. Se trata de un instrumento  político de expresión de la voluntad colectiva, cuerpo electoral. Normalmente reservada para grandes temas constitucionales y cuestiones trascendentales del tipo moral o político para legitimara la decisión resultante. Tenemos referéndums de tipo normativo, según su finalidad, aprobatorio o abrogatorio, consultivo o vinculante.

Plebiscito, es una resolución tomada por el pueblo, por mayoría de votos. Se trata de una consulta que los poderes públicos someten al voto popular directo, para que se apruebe o rechace una determinada propuesta sobre una cuestión política o legal. Su uso tiene un carácter histórico, significaba en la antigua Roma la votación de la plebe, la clase inferior opuesta a los patricios. Se usaba para una selección entre opciones donde lo político sobrepasa en importancia a lo estrictamente jurídico. En la actualidad se dice que en los sistemas democráticos se utiliza el referéndum como método de consulta, mientras que en los regímenes totalitarios se usa el plebiscito, como método de legitimación.

La consulta es el procedimiento por el que las leyes se someten al voto popular. Obviamente todo son consultas, el referéndum, el plebiscito, las elecciones, los comicios o la propia votación, pero conviene diferenciarlas, no utilizándolas con significados sinónimos.

Las elecciones, normalmente se reducen a la emisión de votos para designar cargos políticos, como método para identificar y recoger la voluntad de los votantes. Hablamos de elecciones cuando nos referimos al proceso de selección de candidatos por parte del cuerpo electoral con derecho a sufragio activo, entre candidatos que gozan de derecho a sufragio pasivo. Mediante un procedimiento formal, estable y periódico que constituye el sistema electoral. Con las siguientes etapas, convocatoria, presentación, proclamación de candidaturas, campaña electoral, votación, escrutinio de los votos y publicación de los resultados.

El sufragio es un concepto amplio que engloba todos los demás. Es el voto con capacidad de elegir, dentro de un sistema electoral para la provisión de cargos. En el momento actual se utiliza como equivalente a voto, en tanto que refleja la voluntad del cuerpo electoral, pero en puridad es la facultad de los ciudadanos, entendida como derecho o función pública, en participar en la votación. Se clasifica en, activo, pasivo, censitario o universal.

La votación, no es más que el método para recoger o expresar la voluntad popular, el conjunto de votos emitidos o la acción y efecto de votar. Por último, el ingrediente mencionado en todos los anteriores, el voto. La forma y medios empleados durante el ejercicio del mismo, puede ser, directo, indirecto, nominal, secreto, igual, plural, de calidad, acumulativo, particular o por aclamación. En los sistemas democráticos actuales el voto es universal, libre, igual y secreto. Con objeto de convalidar la archimencionada democracia.

Como colofón de esta pequeña aportación resumiré brevemente la historia reciente de los referendos en España. País gobernado con mano de hierro durante siglos, bajo los designios de diferentes monarquías absolutistas, con el denominador común de sumisión a los poderes que emanan de la iglesia católica. No ha tenido momentos democráticos suficientes para el desarrollo extenso de la cultura del referéndum. Exceptuando los paréntesis de las dos primeras republicas, el único periodo estable de democracia es el que va desde la transición/trasmisión del 78, al punto actual con la DUI y proclamación de la República Catalana.

Por tanto tenemos que se han celebrado en España 4 referendos de ámbito nacional, otros 10 en el plano autonómico o local.  El 15/12/76, sobre la Ley de Reforma Política; el 6/12/78 sobre, el proyecto de Constitución; el 12/3/86, sobre la OTAN y; el 20/2/05, sobre la Constitución Europea. Todos con resultado de aprobación. Quiere esto significar que en España no estamos muy habituados a este tipo de participación democrática, no obstante su uso se encuentra regulado mediante Ley Orgánica 2/1980, de 18 de enero, sobre regulación de distintas Modalidades de Referéndum. A nivel estatal el referéndum no es vinculante, su carácter consultivo versa sobre cuestiones políticas de especial importancia. Convocado por el Rey, mediante propuesta del Presidente de Gobierno, con autorización previa de la Cámara Baja.

La Carta Magna prevé varios tipos de referéndum, para la reforma de la Constitución, el del artículo 167.3, referéndum facultativo constituyente y el del artículo 168.3, referéndum obligatorio constituyente. También para la aprobación de los Estatutos de Autonomía, artículo 151.2, casos de País Vasco, Cataluña, Galicia y Andalucía. El caso del artículo 152.2, para la reforma de dichos estatutos, o la Disposición Transitoria 4ª para la eventual incorporación de Navarra en el País Vasco. Tanto las comunidades autónomas como los municipios tienen potestad para convocar referendos en sus territorios, sin contravenir la legislación estatal y con autorización previa el Gobierno del Estado.

Probablemente no hemos alcanzado todavía una cultura y usos democráticos que nos permitan afrontar la realidad actual con perspectiva. Es normal el poso sociológico que dejo la dictadura y su posterior gestión por sus herederos impiden que avancemos al respecto. El punto de inflexión que ha planteado de forma abrupta el Govern de Catalunya, aunque por muchos motivos de tinte ideológico, sociológico, político, ecológicos, culturales o económicos, resulte criticable, no es menos cierto que ha puesto sobre el tapete la realidad política de una España agotada que tiene que construirse a partir del diálogo, cerrando viejas heridas. Para lo que es necesario revisar el pasado, empezando por cumplir la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura, popularmente Ley de Memoria Histórica. Que cierre con justica una etapa, para mirar al futuro sin lastre. Después todo lo demás.

Politiquea

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Viñetista y escritorzuelo
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