SOBRE EL PODER RELIGIOSO

Las convicciones son prisiones. No ven lo que hay más allá. Las convicciones son enemigas de la verdad… más peligrosas que las mentiras. Friedrich Nietzsche.

Como la vida misma, con el clero hemos topado. En el pleno del ayuntamiento el pasado 28/4/17 con la abstención del PP y el apoyo de Ahora Madrid, PSOE y C’s se aprobó el cambio de 52 calles franquistas, en cumplimiento con el artículo 15 de la Ley de Memoria Histórica (LMH). Pues bien, de todas solo una tiene tientes religiosos, la nueva calle de San German, antigua del General Yagüe, tambien conocido como el carnicero de Badajoz. Todo a pesar de la iniciativa popular impulsada por Estrella que ha recogido firmas en Change.org, 4.508 firmas, que ha aunado el apoyo de más de 400 humoristas gráficos, ha participado en programas de radio, entrevistas con grupos políticos, con la genial pretensión de cambiar el nombre del fascista por el de calle Humor de Gila, se ve que además la ironía resulto insuperable para el comisionado encargado de revisar los nombres, presidido nada menos que por Paca Sauquillo, quienes optaron por la propuesta, Calle de San Germán. Bajo el sólido argumento, esta calle se denominó con anterioridad de San Germán. Está situada junto a la parroquia de San Germán y no resultaría extraña la denominación a los vecinos del barrio. Pues perfecto, que hubieran llamado a todas como se llamaban antes, para este viaje no hacía falta alforjas. Bendito estado aconfesional.

            Esta introducción pudiera parecer anecdótica, qué más da un nombre u otro, solo es una calle. La cuestión toma cuerpo en el momento que ponemos en valor, porqué ese nombre y no otro. La denominación de una calle debe servir para identificarla respecto a otras, eso se puede conseguir con números, letras o combinaciones de ambas. En un momento determinado se optó por nombrarlas como homenaje a personas, sucesos, fechas, o darlas nombres por el accidente geográfico sobre el que se han construido, incluso con el nombre de otras ciudades, actividades o motivos florales, animales u otros. Desde entonces no ha suscitado el asunto mayor problema, hasta que tras el golpe de estado del 36, el gobierno golpista del dictador Franco decidió homenajear a sus adláteres a la par que liquidaba todo lo que consideraba contrario a la doctrina del régimen totalitario que instauró. Con la aprobación de la LMH y su ejecución se pretende acabar con todo atisbo de la dictadura y adecuar los símbolos al modelo democrático, entre ellos el nombre de las calles. Parece que todavía esto encuentra resistencia, la del atado y bien atado.

            De los poderes que apoyaron al régimen totalitario de Franco, el militar, el corporativo y el religioso, fue este último el que más significado adquirió, impregnando toda actividad bajo su manto protector. Se trata del poder interpersonal que decíamos en la anterior entrada, basado en la autoridad otorgada a quien lo representa, esta autoridad rebasa a la persona individual, que también lo ejerce según su rango jerárquico, dando autoridad a los representantes individuales de ese poder. Es un poder legitimado bien por ser los guardianes de la fe revelada, la tradición y el calendario. Se trata de un poder con total repercusión, ya que no solo sus representantes oficiales lo ejercen, sino que se mimetiza con el sistema y cada individuo lo manifiesta sobre su entorno. Este poder basa su capacidad en máximo poder de coerción posible, dando premios y castigos en el más allá, una vez finiquitada nuestra estancia terrenal se nos pasa factura, de la que por otra parte no tenemos constancia. Está basado en normas, valores, creencias, en elementos tangibles de tipo económico o intangibles como premios o penitencias, este poder de castigo implícito conduce normalmente a un abuso de poder, manifestado en su presencia, según épocas, en el control educativo, en las festividades, en el descanso dominical, mostrando sus símbolos en todos los lugares más allá de los de culto, presentes por ende en cada ciudad, pueblo o lugar del camino, por supuesto en el callejero.

Sin embargo tiene un soporte ligero, cimentado en el ciego cumplimento de sus dogmas, más allá de ninguna controversia, la identificación plena con sus postulados, sin atender opción alguna, en la interiorización su doctrina, aun en contra de la evidencia. Contra este poder es difícil actuar porque el miedo ata incluso a las mentes más preclaras, aunque es cierto que desde que cualquiera dispone de una cámara en su bolsillo, ni hay ovnis, ni apariciones marianas, ni milagro alguno.

 

@Polithiquea

 PD: En próximas entradas hablaremos del poder político y el económico.

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