SPLENDID ISOLATION

No existe una mejor prueba del progreso de una civilización que la del progreso de la cooperación. John Stuart Mill

 La relaciones internacionales entre Estados siempre han estado sujetas a clichés simplificadores, pero la vuelta atrás efectuada por el Reino Unido, supera cualquier complejidad. El esplendido aislamiento decimononico, alcanza hoy en día tintes surrealistas, virtualmente irreales. Cuando el mundo se encuentra inmerso en plena encricijada de agotamiento liberal, del liberalismo político encabezado por Margaret Thatcher y Ronald Reagan a finales de los años 70, tras la crisis del petroleo de 1976. Pues bien, cuando las cosas se ponen feas, los ingleses se miran el ombligo y vuelven la cabeza hacia dentro de la pérfida albión.

Parece lógico pensar que cada  cual puede hacer lo que quiera mientras no invada la libertad del resto, influyendo con sus decisiones indirectamente en la política exterior de terceros países. La supremacía inglesa, alcanzada tras el ocaso del imperio español, refrendado con la guerra de sucesión a la corona hispana, en la que tanto medró la corona británica, supuso la apropiación injuriosa de territorios clave para el expansionismo del nuevo imperio británico. El tratado de Utrecht firmado entre 1713 y 1715, que los británicos impusieron al resto de Europa sentó las bases de su dominio hasta la Segunda Guerra Mundial. Las consecuencias siguen siendo motivos de conflicto internacional, Palestina, Islas Malvinas, Gibraltar, Canal de Suez, Hong Kong…

Cuando se configura la posibilidad de un territorio europeo unido, el Reino Unido no es de la partida en la firma del Tratado de Roma de 1957, no es hasta 1961 cuando solicita su entrada en las comunidades europeas, en ese momento era tal el escepticismo que el presidente francés Charles de Gaulle votó en contra de la adhesión de Reino Unido, porque pensaba que era meter un caballo de Troya bajo la influencia de los Estados Unidos. Con todo se incorporó en 1973. Durante todo este tiempo, han sido muchas las crisis y amenazas de abandono, las trabas, las imposiciones, que han impedido avanzar más en la construcción de la Unión Europea.

El 23 de junio de 2016 se celebró el Referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, con unos resultados de 17.410.742 votos a favor del Brexit, el 51,9 %, y 16.577.342, el 48,1 % partidarios de permanecer. Con una participación del 72,2 % y tan solo 26.033 votos nulos. Esta circunstancia se da cuando el dominio británico sobre Europa se ve menguado, cuando la crisis provocada por las políticas liberales impulsadas desde las islas, han fracasado, llevando a los países del sur de Europa a la extenuación. Después de todo su juego, como ven que la partida está perdida se repliegan esperando abrir nuevas vías que salven a su Reina y a quién reina, la libra esterlina. Nadie está obligado a permanecer donde no quiere estar, pero que deje estar a los que se quedan. Se abre un esperanzador panorama internacional, en el que los olvidados por fin podrán decir algo, Portugal, España, Italia, Grecia, nunca fueron ni serán pigs, ha llegado el momento de hacer balance, el Reino Unido se va, como así lo desea, pero dejando las cuentas claras. Good bye UK.

 

@Polithiquea

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