GEOGRAFÍA HUMANA

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Ser libre es construir un mundo en el que se pueda ser libre. Emmanuel Lévinas.

Pasamos por las calles, por las plazas de pueblos y ciudades como por las últimas noticias, rápido, hasta la próxima, sin solución de continuidad. Tanto es así que casi nadie se para a pensar en el significado de los nombres, del porqué de sus monumentos en definitiva, de la geografía humana. Sin eco en los mass media, aunque de vital relevancia en nuestro devenir temporal, que es nuestra actividad en un entorno cotidiano. Académicamente se trata de una disciplina que estudia las sociedades humanas en el ámbito espacial, es decir, el medio físico que nos rodea. Una especie de ecología humana, que analiza las consecuencias sociales, políticas, económicas o culturales, provocadas por el medio geográfico.

El territorio, cómo está configurado, el modo en que está distribuida la población que se asienta en nuestras ciudades, revela aspectos fundamentales sobre nuestra cultura, estilo de vida, incluso sobre nuestras relaciones sociales. Los espacios físicos sobre los que transcurren nuestras vivencias, mediatizan nuestro breve paso por la historia. El que las calles tengan un determinado nombre, que se adornen las plazas con esculturas alegóricas a ciertos personajes o procesos, que la configuración del espacio vital represente una forma determinada, no es aleatorio, es consecuencia de un modelo político, cimentado en una impronta ideológica.

En una antigua entrada, en este sitio web, https://simbolos-callejero/, se trató el modo en que se mancilla la Ley de Memoria Histórica, ante el mero hecho de cumplir con lo aprobado por el Gobierno del Estado y el propio Ayuntamiento de Guadalajara. En esta ocasión ampliamos el ángulo espacial al conjunto geográfico urbano. No hace falta ser muy observador para concluir que quienes ostentan el poder, son quienes deciden quien merece un reconocimiento y en qué grado. Este es el motivo principal, dada la evolución histórica que hemos tenido, que nuestras calles, plazas, parques y centros de encuentro estén plagadas de nombres, fechas e iconos que resultaron relevantes para quienes los pusieron. Estos hacedores, sabedores de la importancia que tienen en una población, en estado de panem et circenses, eligieron unos símbolos que gracias a su repetición verbal, al cabo de los años se interiorizan, pasando a formar parte del acervo cultural.

El etólogo Lyan Watson en su obra Lifetide, medita que, en la evolución de las especies hay mecanismos diferentes de aquellos que intervienen en la selección natural, lo cual tiende a mostrar que esos mecanismos también inciden sobre la manera de como ideas y costumbres se propagan por toda la especie humana, Teoría del Centésimo Mono. Así, si un número suficientemente grande de personas (Masa Crítica) adquieren un nuevo conocimiento o forma de ver las cosas, esto se propagará por toda la humanidad. Lo que es aplicable a un nuevo estado de conciencia más elevado en el ser humano para lo que es necesario que un determinado número de personas (Masa Crítica), alcance una conciencia más elevada, momento en que el individuo es capaz ya de realizar un salto evolutivo y lograr un cambio de conciencia (metanoia).

Este cambio de estado evolutivo, nos llevará a valorar, que en una pequeña ciudad, que nunca tuvo una gran población, siempre influida por la proximidad a la gran urbe, Madrid, no ha disfrutado de la estabilidad poblacional necesaria para que sus nativos desarrollen su actividad en ella, siendo necesario en aras ampliar sus conocimientos o establecer los intercambios necesarios para su expansión profesional, emigrar, establecerse en otros lugares y en la mayoría de las ocasiones no regresar jamás. Este es el motivo por el que Guadalajara adolece, incluso nunca llega a identificarse con las escasas personalidades egregias de las que durante al menos un lapso de tiempo a disfrutado.

Esta circunstancia no justifica la inclinación desmedida que ha llevado a los distintos, o no tanto, gobernantes a llenarnos el callejero con el santoral, generalato o figuras irrelevantes, o que aun siéndolo, no tuvieron ningún para bien con Guadalajara. Paseando por su trazado nos podemos encontrar con una placa sonrojante  de cerámica destrozando la fachada más bonita del renacimiento español, la desproporcionada estatua de un cardenal al que tiraron su palacio, un presidente de gobierno del que no consta ni que pisará por aquí, un papa que igual no sabía que existía Guadalajara, múltiples copias escultóricas sin criterio alguno, al menos confesable, además del mantenimiento ilegal de la simbología de la dictadura en edificios y balcones. Es cierto que tenemos escasas alegorías a la mitología junto con algunas esculturas de artistas autóctonos de prestigio, aunque estas más deslocalizadas, algunas incluso absurdas. Podemos pasear por el céntrico paseo de las cruces sin ver a Izraq ibn-Muntil, Alvar Fañez de Minaya, Mose Ben Sen Tob de León, Íñigo López de Mendoza, Nuño Beltrán de Guzmán, Francisco Fernández Iparraguirre, María Diega Dessmaissieres y Sevillano, Antonio Buero Vallejo o Camilo José Cela. De todas ellas el único que seguro nació en Guadalajara fue el dramaturgo, recientemente lapidado en la Calle Miguel Fluiters, 39.

Para que una ciudad, sus ciudadanos y ciudadanas, se identifiquen, la interioricen, en definitiva la hagan suya, es necesario que estén representadas en sus iconos, nomenclaturas, obras esculturales, rincones, plazas, parques y cualquiera de los espacios públicos de la misma reflejen la cultura, no solo la oficial sino la popular, que sus habitantes puedan identificarse con su entorno, más allá de la grandilocuencia de los nombres prestados, sobre todo, que no permita la indolente convivencia entre un Capitán golpista, que nos llevó a una guerra y un Dramaturgo, pintor de realidades, miembro de Real Academia Española, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, Premio Lope de Vega de Teatro, Premio Nacional de Teatro, Premio Miguel de Cervantes, Premio Nacional de las Letras Españolas, entre otros muchos. Que es también la diferencia que existe entre un fascista, golpista que arrasó pueblos de Lleida a sangre y fuego al mando de los Tiradores de Ifni y un artista preso por su ideología comunista y republicana, eso sí, con delitos de tinta sobre papel. Cierto es que las comparaciones son odiosas, más aún cuando nada hay para comparar.

Politiquea, que algo queda.

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Minientrada | Esta entrada fue publicada en Guadalajara, Ley de Memoria Histórica, Opinión pública, Realpolitik, Símbolos y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a GEOGRAFÍA HUMANA

  1. fernando dijo:

    Buen articulo compañero, espero que esto cambie algún día cuando nos quitemos la caspa de encima en esta ciudad provinciana y meapilas.

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