SERVICIOS PÚBLICOS

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La sátira es el arma más eficaz contra el poder. El poder no soporta el humor, ni siquiera los gobernantes que se llaman democráticos, porque la risa libera al hombre de sus miedos. Darío Fo.


Pasamos horas discutiendo de política como cuando hablamos del tiempo, normalmente en contra de la tendencia imperante durante la charla. Estos días estamos asistiendo a un debate político superficial y efímero. Superficial porque no entramos en materia, solo nos importa que gobierne nuestra opción, más allá de si sus políticas se ajustan a nuestras necesidades. Efímero, ya que el revuelo dura lo que dura el proceso de investidura, después cada uno a lo suyo, que para eso dejamos lo de todos en manos de unos pocos. Esto es posible por el allanamiento sociológico cultivado durante la larga noche de la dictadura y el nublado despertar de la transición a la democracia.

Como ciudadanos nos es de suma importancia valorar cómo, qué, porqué, se discuten unos temas u otros, quienes defienden unas u otras posturas. Fundamentalmente para saber en quién depositamos nuestra confianza y para qué. De la sesión de investidura el próximo 29 de octubre a las 19:45 horas, no solo nace un nuevo periodo legislativo comandado por un Presidente de Gobierno, sino que emanará toda suerte de políticas que nos afectaran de primera mano.

Desde la elección de Margaret Thatcher en 1979 en UK y de Ronald Reagan en 1981 en USA, las políticas privatizadoras, la gestión de los servicios públicos comenzó  ha pasar a manos privadas, paulatinamente hasta nuestros días, en los que el equilibrio entre lo público y lo privado, se decanta a favor de este último a partir del apoyo económico, logístico y patrimonial que aportan los bienes públicos, con la garantía de no ser responsables más que ante quien adjudica la transferencia, no ante los ciudadanos.

El trasfondo del debate político actual ha puesto en cuestión la recuperación de esta gestión por las administraciones públicas. Es cierto que tan solo desde una parte de la bancada del congreso, la denominada de izquierdas, Unidos Podemos, ERC-CATSI o EH-BILDU. Los conservadores del PP, a los que se han unido los progresistas del PSOE, más los neoliberales de Ciudadanos, resultan proclives al mantenimiento del status quo que nos ha traído a lugar donde estamos, en el epicentro de las políticas neoliberales.

El ideólogo de todas estas políticas fue el liberal Milton Friedman. Su doctrina económica liberal fue desarrollada por los Chicago Boys en la Universidad de Chicago. Su centro de ensayos fue el Chile del dictador Pinochet, donde aterrizaron en 1975, bautizando sus políticas de mercado como el Milagro de Chile. Resolvieron que aplicando políticas de capitalismo laissez faire, los mercados libres minimizarían la centralización política, democratizando la propia política. Aunque el resultado no fue el previsto, Friedman fue galardonado en 1976 con el premio Nobel de Economía por sus logros en los campos del análisis del consumo, historia y teoría monetaria y por su demostración de la complejidad de la política de estabilización.

La disección entre modelos de gestión pública o privada, parecía haber tomado ventaja hasta que el sistema  eclosionó con la caída de Lehman Brother en 2008 y desde entonces todo son penurias, al menos para los de siempre, parece que se han  socializado las pérdidas y privatizado las ganancias. Frente a estas políticas surgen movimientos, el 15 M,  partidos políticos, como Podemos que trabajan por revertir esa situación, pero la riña se reduce a juicios y prejuicios sobre dictados superfluos e infundados, empecinados en confundir el debate. Aunque contestados con sentencias judiciales, los tergiversadores siguen alimentando a sabiendas de los resultados que les reportan.

Con el claro precepto de mantener lo insostenible, la suma de fuerzas conservadoras, progresistas y neoliberales, amparadas por el manto de la troika y el plácet norteamericano se afanan por defender el TTIP y el CETA, en contra de potenciar el comercio justo, local y sostenible, revertiendo como defiende Unidos Podemos, la revitalización del sector público como vienen haciendo tímidamente países como Alemania, Reino Unido o Francia, sabedores del que el sistema liberal ha tocado fondo, tras la mala gestión privada, la carestía de las licitaciones,  la precariedad laboral, social, las crisis provocadas por la mundialización de la producción, del comercio, crisis humanitarias que ahondan en lo más profundo de la sinrazón humana, dejando a las personas como alimento del sistema, al albur de las necesidades de las grandes corporaciones.

Nos lo pintan como una cuestión ideológica, pero la realidad es que lo que está en juego es un modelo de convivencia, hoy puede que hayamos perdido el tren, pero tenemos la oportunidad de subirnos en la próxima estación.

 

@Polithiquea

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