CIRCUNSCRIPCIÓN ELECTORAL

CIRCUNSCRIPCIÓN ELECTORAL

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La dominación tiene su propia estética y la dominación democrática tiene su estética democrática. Herbert Marcuse.

El sistema electoral español ha proporcionado cierto equilibrio durante estos últimos años a la gobernabilidad del Estado, mientras el bipartidismo, PP/PSOE, de manera similar a como ocurría  durante el turnismo decimonónico, se ha repartido los votos y escaños para ir formando mayorías de gobierno. Tras el 15 M, con la irrupción de las denominadas fuerzas del cambio parece que el sistema ha colapsado.

Pero, realmente falla el sistema o, lo que ha implosionado, no es el sistema electoral sino el sistema pactado tras la transición con la elaboración de Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General. Un tanto aleatoria, posibilitando bajo sus designios se permite una inclinación del sistema hacia el bipartidismo, hacia la preponderancia de dos partidos mayoritarios en el ámbito nacional o la concentración de votos a favor de partidos de ámbito regional. Consiente que tengan más peso los votos rurales que los de las zonas industriales o de las grandes urbes, además de aceptar la exclusión de todos aquellos votos que no han superado la barrera electoral o no han alcanzado el resto necesario para lograr el acta de diputad@.

La fórmula electoral con la que se opera para el reparto de escaños no es que atente contra el sistema proporcional, es cierto que la Ley de D’Hondt no parece hoy en día tan eficiente como la Sainte-Lagüe, por poner un ejemplo. Pero lo cierto es que, donde reside la mayor desigualdad es en la asignación de escaños. La solución es delicada, necesita de un consenso sólido, el apoyo de los electores y la predisposición política. Aunque posible, por un lado, aumentando el número de diputad@s de los 350 diputados que integran la Cámara Baja  a los 400 que permite la Constitución del 78, al tener más divisores más restos tendrían compensación con escaño. Por otro, modificando la circunscripción electoral, es decir la demarcación territorial que determina el conjunto de electores y el número de escaños a repartir según la distribución de los votos. La idea implícita en la creación de un distrito electoral es posibilitar uno de los principios fundamentales de la democracia representativa, la equidad en el voto.

Estas modificaciones supondrían un reparto más proporcional de los diputad@s entre las distintas fuerzas políticas. De manera que por ejemplo un partido de ámbito nacional con un 1 millón de votos, este representado en la medida que le corresponde. Podemos observar que en las pasadas elecciones de 20 de diciembre de 2015, entre otras, estas contradicciones, una, EN COMÚ PODEM obtuvo 927.940 (3,69%) votos, que se tradujeron en 12 diputad@s. En las mismas elecciones, UNIDAD POPULAR: IZQUIERDA UNIDA, UNIDAD POPULAR EN COMÚN obtuvo el apoyo de 923.133 (3,67%) votos, y tan solo le correspondieron 2 diputad@s. Otra, el partido más votado entonces, el PP, con 7.215.752(28,72%) votos y 123 diputados, necesita de media 58.664,65 votos para cada diputad@, mientras que IU necesita 461.566,50 votos para cada uno de sus 2 diputados.

Hemos comprobado que el proceso electoral cuando afecta a las elecciones al parlamento europeo resulta más justo, con la misma reglamentación pero con la única variación de las circunscripciones, (para las elecciones europeas es única, todo el territorio nacional) los resultados respetan el principio de proporcionalidad. Para las elecciones al parlamento español, la circunscripción electoral son, las provincias más las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, donde hemos visto a partir de dos clamorosos ejemplos la arbitrariedad del sistema. Lo que nos lleva a concluir que el problema pueda residir en el tamaño de la circunscripción electoral.

Por otro lado necesitamos un grado de representación territorial, lo que justifica la existencia de las circunscripciones, pero no tiene este porque ser coincidente con la provincia, podría ser por territorios con la misma población, en una suerte de gerrymandering (cuyo significado en ciencia política es, la acomodación de las circunscripciones electorales a un territorio con objeto de producir un determinado resultado electoral), que permitiera distribuir los resultados electorales de una forma más equilibrada, facilitando que la traslación de los votos en escaños procure una proporcionalidad racional en el Parlamento. Como nos proponen Alberto  Penádes y José Manuel Pavía en su obra La reforma electoral perfecta.

 @Polithiquea

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