CIUDADAN@S

CIUDADAN@S

No más partidos, no más autoridad,        29. Manos limpias b

libertad absoluta del hombre y

del ciudadano: esta es mi profesión

de fe social y política.
Pierre Joseph Proudhon.

 


Cuán cara es la ciudadanía, cuando ser ciudadana o ciudadano, lejos de ser una condición natural, tiene un precio. De hecho de todas las divisiones, dualidades o polarizaciones que ha sufrido la humanidad desde sus inicios, la de ser miembro o no del clan, pueblo, ciudad, nación o imperio, ha sido y lo sigue siendo la más cruel de todas. Como ejemplo, un botón, en la declaración de Independencia de los trece Estados Unidos de América, de 4/7/1776, reza en su preámbulo, …que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad… La esclavitud se abolió en los EE.UU. en 1865, en el estado de Mississippi hubo que esperar hasta 2013. No es de extrañar que Abrahan Lincoln apostillara, todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son.

Dicho lo cual, ser ciudadano, de un género u otro, según el Diccionario de la Lengua Española en su 1ª y 3ª acepción, es el natural o vecino de una ciudad, además de toda persona considerada como miembro activo de un Estado, titular de derechos políticos y sometido a sus leyes. De lo que se puede trasladar que todos y todas somos ciudadanos, más allá de fronteras, con el requisito necesario de nuestra actividad. Vivir significa tomar partido, en palabras de Gramsci, no pueden existir quienes sean solamente hombres, extraños a la ciudad. Como defendían los griegos, Platón o Aristóteles incluidos. El concepto de ciudadano o ciudadana, el de ciudadanía en definitiva tiene un sentido más amplio. Es inalienable al género humano, siendo en edad adulta cuando adquiere todas sus posibilidades.

Hoy como otrora, nos encontramos inmersos en unos procesos de cambio radicales, mientras en otras ocasiones los cambios tenían unos daños colaterales o bien desconocidos o bien fuera del alcance del pueblo. Hoy son bien conocidos, la huella ambiental, la capa de ozono o el deshiele de los polos son solo algunos ejemplos de las amenazas que nos acechan y parece que fuera de las redes sociales no somos conscientes del daño que nos producirán esas actividades nada sostenibles que gracias a acuerdos comerciales como el TTIP alimentan a las grandes corporaciones a costa del sistema del medio ambiente y a coste de los ciudadanos y ciudadanas que con su permisividad consolidan tales prácticas.

Qué derecho tenemos para hipotecar a generaciones futuras y al planeta en general, qué nos impide actuar, participar como ciudadanos. Pues por diversas causas, algunas consecuencia aplanamiento mediático al que nos hemos vistos sometidos tras la II Guerra Mundial, cuando la globalización-americanización (USA), se ha apoderado hasta de nuestras más ancestrales costumbres, otras por el agotamiento de los partidos políticos y los sindicatos, pero la más importante de todas, es por falta de democracia real, directa e igual para todos. La falta de fraternidad entre los pueblos, el dominio de unas élites, la monarquía como institución dominante aún, y un sistema capitalista que ha exprimido países enteros en aras de saciar su hambre infinita.

Por eso resulta tan importante devolver al pueblo la ciudadanía, la participación en la vida política y social de cada vecindario, y esto solo puede darse en condición de isonomía, igualdad por otra parte que solo se puede alcanzar bajo sistemas republicanos, federales, confederales o unitarios, pero esa igualdad de derechos, de posibilidades solo es posible cuando las condiciones políticas así lo permiten. Poca igualdad puede haber cuando la forma de  Estado es una monarquía, en la que la pertenencia a una determinada familia confiere a esta derechos desde la cuna.  La condición primera para ser libre es no ser súbdito, la condición segunda es la libertad positiva, aquella que nos permite cubrir nuestras necesidades básicas en igualdad de condiciones, no según qué condiciones. De poco nos sirve la libertad negativa de los liberales, que viene a decir que todos tengamos acceso libre a todo, si nos faltan los recursos poco podemos hacer, (podemos tener acceso libre a la vivienda pero si no tenemos trabajo…).

Como conclusión, este proceso de cambio debe suponer que el mundo cambie de base, la ciudadanía es el vehículo del cambio. Pero no una ciudadanía de postín, sino una libre, igual y fraternal, que asuma su responsabilidad con el entorno de una forma sostenible.

 

@polithiquea

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