2ª TRANSICIÓN

2ª TRANSICIÓN                24. Cup pable b

 

Tornarem a sofrir, tornarem a

lluitar i tornarem a vencer

Lluís Companys i Jover

 

 

Demasiados frentes abiertos tiene el Estado español como para pensar que tras unas elecciones generales, repetidas,  se solucione algo. Quizás, lo más natural, es que todo siga igual. De la forma y manera que viene sucediendo todo desde la manida transición democrática.  La nada modélica transición, en palabras de profesor Vincenç Navarro, no fue más que una mera trasmisión de las instituciones y poderes de la dictadura a la nueva situación democrática. De hecho esta etapa no supo cerrar una verdadera transición entre lo que supuso un cruento golpe de estado, seguido de una represiva dictadura, a una nueva etapa fundamentada en el estado de derecho.

Uno de los cleavages, en su acepción política, como fisura o escisión de los votantes en torno a dos bloques contrapuestos. Es el asunto autonómico-independentista. Nos tendríamos que remontar a la nefasta llegada de los borbones a la corona hispana, allá por el lejano 1700, cuando arribaron desde la vecina Francia, como contrapeso a que la corona cayese del lado germano, a la par que para gestionar lo que quedaba del imperio en el que nunca se ponía el sol, Inglaterra mediante. Fue a partir de este periodo cuando en lo territorial, aunque no solo, se comenzaron a hacerse efectivas las inercias separatistas. En 1704 en plena guerra de secesión, la que nos dejo a los borbones, tropas inglesas y holandesas partidarias del archiduque Carlos (Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico, rival al trono de Felipe de Anjou, que reinaría como Felipe V de Borbón), invadieron Gibraltar. Casi acto seguido, una vez instalado en el trono Felipe V, con los Decretos de nueva planta (1707 a 1716), abolió las instituciones y libertades civiles, tanto catalanas como de otros territorios de la antigua Corona de Aragón. Estos decretos tuvieron por objeto configurar un estado centralizado según el modelo francés. A partir de 1717 este centralismo chocó de lleno con los gobiernos forales vascos, otrora apoyo al contrario que los catalanes, de Felipe V durante la guerra de sucesión.

No sería hasta la llegada de la I República cuando se retomó de forma seria el asunto territorial, la propuesta de impulsar una República Integral, de corte unitario, vino de políticos catalanes como Francesc Pi i Margall o Antoni Rovira i Virgilli, en 1873. Desgraciadamente el golpe del General Pavia lo impidió. Se retomó nuevamente con la llegada de la II Republica en 1931. Se trataba de una República Federal en la que se aprobaron los distintos estatutos de autonomía que conformarían el estado federal, arrastrados de la tradición anterior a la llegada del centralismo borbónico. Como son el Estatuto de Nuria en 1931 que declaraba la República Catalana, el de Estella en 1932 para el País Vasco, el de Caspe de 1936 para Aragón o el Proyecto Gallego de Autonomía de 1936. Todo fue al traste nuevamente con el golpe de estado del General Franco.

El asunto permanecería latente hasta el desarrollo del proceso constitucional que desembocaría en la Constitución de 1978, se integraron todas estas proclamas en el improvisado estado autonómico, como consecuencia de que quienes elaboraron la constitución no eran otros que prohombres del régimen anterior. De ahí el argumento del profesor Navarro cuando matiza como inmodélica transición a aquella etapa. Asegurando que ocurrió en un contexto político en el que había un enorme desequilibrio de fuerzas. De manera que necesitamos una verdadera transformación, 2ª transición, profunda que convierta a esta España plural, más justa y democrática, avanzando en hacía federación con Portugal.

La solución al conflicto territorial,  en un modelo de Estado donde los habitantes no sean súbditos, sino ciudadanos libres, abriría las puertas para afrontar otras cuestiones, sin perder los escasos recursos en cuestiones espurias. Esta circunstancia solo se puede dar en el marco de una república Ibérica como preconizaba José Saramago, como lo creen también desde la iniciativa Federalistes d’Esquerres. Si como dice el eslogan, la unión hace la fuerza, entonces Unidos Podemos.

@polithiquea

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