LEY HORTENSIA

LEY HORTENSIA

                                                                           

20.Trinando bLa lucha de los profesionales

de la política se hace autónoma

en torno a posturas propias e

intereses específicos respecto

a la situación de las posturas

que ellos representan.

 Pierre Bourdieu


El título puede ser engañoso, lo innegable es que solo se engaña quien no se quiere informar. En política más si cabe que en ningún otro ámbito, la demagogia, la elongación de los  conceptos, la laxitud de sus premisas, convierten la realidad en algo extraño, oculto en abstracciones, para que en nuestra confusión todo siga igual. En época electoral nos bombardean desde los medios, desde los voceros de los partidos, con términos y conceptos manejados a su antojo, a conveniencia de la confusión, una vez superado el trámite electoral, a lo nuestro, digo, a lo suyo, a lo de siempre.

La Ley Hortensia data del siglo III antes de nuestra era, su importancia olvidada reside en un hecho fundamental que se repite a lo largo de nuestra historia, por mucho que hayan cambiado los gobiernos, las relaciones con el poder, lo que no ha variado en nuestras relaciones es que unos han ostentado el poder mientras que el resto ha trabajado para alimentar ese poder. Esto supone un conflicto de intereses, los primeros quieren permanecer y transmitir en sus descendientes esa situación tan ventajosa, mientras que los segundos luchan por muchos motivos, bien por reemplazar o acompañar a los primeros, bien por extender esa situación al resto o bien por cambiar el sistema o cualquier otra peregrina alegoría. Ahí reside el engaño, mientras el objetivo de los primeros está claro, el de los segundos resulta difuso, por eso los primeros tratan desesperadamente que esto siga así, así ha sido desde tiempos inmemoriales.

Sin embargo hubo un momento en pleno desarrollo de la República romana, que estalló el conflicto entre primeros y segundos, entre patricios y plebeyos. Todo nace, como siempre porque los patricios considerados por ellos mismos, descendientes directos de los fundadores de la ciudad en este caso, de Dios en otros. Tenían derecho a disfrutar de privilegios de todo tipo desde el control del poder. La plebe estaba para lo que estaba. Pero entonces, por un momento supieron organizarse, su persistencia en la lucha para derogar los privilegios de los primeros desembocó en una huelga general, amenazando la plebe, los segundos, con fundar una nueva ciudad donde poder disfrutar de todos los derechos. Ante este temor, entonces como ahora, los primeros entendieron que era mejor ceder una parte de su poder que acabar de golpe con su sistema, el de entonces y el de ahora. Cuando el dictador Quintus Hortensius, sancionó la Ley Hortensia, supuso conceder a la plebe que sus asambleas tuvieran facultades legislativas que obligaran a todos, a los primeros y a los segundos. De esta forma se iniciaron los plebiscitos vinculantes.

Con el paso del tiempo este poder quedó reducido a que los segundos pudieran elegir a los primeros para el gobierno, como sus representantes, en el mejor de lo casos. Con astucia los primeros, entonces supieron ceder el poder para recuperarlo después, mejor perder un poco, que todo. Esta secuencia se ha repetido una y otra vez, cada una de ellas de forma más refinada, ya no hacen falta golpes de estado, no contrarrevoluciones, ahora con el engaño terminológico y los eufemismos es suficiente, la cuestión es que el reparto de los privilegios los controlan los primeros con el trabajo de los segundos. Ante esta situación conviene empezar por llamar a cada cosa por su nombre, empezando por las más sencillas. Por ejemplo, no son lo mismo comicios, votaciones, plebiscitos, sufragio, referéndum, consulta o elecciones. Aunque se utilicen para referirse al proceso de elección de representantes, más de los primeros que de los segundos, incluso cuando votamos más de los segundos que de los primeros.

Según la Real Academia de la Lengua, lo de real es porque es la de verdad, comicios son elecciones para designar cargos políticos, era una junta en la que las instituciones romanas nombraban a las más altas magistraturas, no elegía el pueblo, elegían los denominados representantes del pueblo. Votaciones hace referencia a la acción o efecto de votar, al conjunto de votos. Plebiscito según la RAE, es la resolución tomada por todo un pueblo por mayoría de votos. Sufragio, es equivalente a voto, a la capacidad de elegir o ser elegido. Referéndum, significa procedimiento por el que se someten al voto popular leyes o decisiones políticas con carácter decisorio o consultivo. Consulta, es la acción o efecto de consultar y por elecciones entendemos la acción o efecto de elegir, la emisión de votos para designar cargos políticos. Hechas estas matizaciones vemos que es importante llamar a cada cosa por su nombre, entre otras cosas para definir bien el objetivo.

Esto es lo que intenta denodadamente Yanis Varoufakis impulsando el movimiento internacional conocido como Plan B, para hacer frente a las políticas neoliberales, de los primeros, que nos han sumido, a los segundos, en una crisis, política, económica, social, de identidad, etcétera, etcétera. El dice que con el propósito de salvar Europa desde unos postulados progresistas, lo que supondría como entonces en Roma, conseguir una pequeña cesión de poder de los primeros, que con el tiempo ya volverían las aguas a su cauce. Este movimiento está apoyado por la activista estadounidense Susan George, ella entiende el Plan B, como la herramienta para combatir a los primeros, hoy aglutinados en torno al TTIP, Transatlantic Trade and Investment Partnership, mientras los segundos seguimos en nuestra particular diáspora. A lo que debería conducir el Plan B, es a definir bien los objetivos, los intereses de todos, planeta incluido, decir alto y claro que el sistema ha caducado, que viene desde el inicio de los tiempos, pero ya no da para más. Tenemos que reiniciar el sistema, sobre otros valores, principios y objetivos, el modelo productivo en el que los primeros siempre ganan a los segundos, hay que convertirlo en un modelo entre iguales, por eso son importantes las definiciones y la B, es la segunda letra del abecedario, dejemos de ser segundos y hagamos un Plan A.

@polithiquea

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