ENCUESTAS

 ENCUESTAS

                                                                         18. Fogones B

Cuando el debate está perdido, la

calumnia es el arma del perdedor.

Sócrates

 

 

 

Son las encuestas ciencia cierta, mas haberlas haylas, inciertas. Como cada ciclo electoral en concreto y a lo largo de los mismos, las encuestas, sobre la intención de voto, el candidato más valorado, el número de escaños previstos para cada formación, están en permanente ebullición. Cada agencia de encuestas, periódico, partido político o cualquier otro medio de información, televisión, radio, web, el propio Estado o cualquier otro escalón de gobierno,  elabora sus propias consultas, normalmente mediante encargo a empresas especializadas en el asunto, o por sus propios medios. Otra cuestión distinta es la interpretación que realizan a partir del  análisis de los datos obtenidos.

Por situarnos sucintamente en la materia, podemos decir que por encuestas, entendemos, el procedimiento de recogida de datos por un investigador, mediante un cuestionario previamente diseñado, con objeto de sacar conclusiones a partir de los resultados del análisis de estos datos. Las encuestas varían en cuanto a los objetivos que persiguen, el tipo de pregunta o preguntas, el medio de recogida de los datos o el tamaño de las muestras sobre las que se realizan. Cuando el proceso adolece de objetividad y rigor científico, decaemos en lo que popularmente conocemos como, el cocinado.

En caso de manipulación pretendida, en la elaboración del cuestionario así como en el diseño de las preguntas, el investigador puede intervenir tendenciosamente con objetivo de dirigir las respuestas y controlar el análisis de los resultados. En  la exposición de los resultados es donde encontramos más debate, como explicaba el filósofo, dos personas, una frente a otra y en medio una manzana, cada uno ve la misma manzana, pero cada uno ve una cara de la manzana. Así donde unos ven tendencia de crecimiento para la opción A, otros encuentran caída sin remedio de la opción B.

Todo esto viene a colación del continuum a que nos vemos sometidos en los momentos previos a la contienda electoral. Desde distintos ámbitos nos bombardean con encuestas, sondeos, estados de opinión, intención de voto, valoración de líderes, etcétera, etcétera. La Ley Electoral General 5/1985, regula en su artículo 69, el desarrollo de las mismas, reflejando en el punto, 7. Durante los cinco días anteriores al de la votación queda prohibida la publicación y difusión o reproducción de sondeos electorales por cualquier medio de comunicación. La realidad es que según de donde provengan las encuestas, estas tienen una tendencia u otra, pretendiendo influir en el voto del ciudadano a la par que con su emisión tapan el efecto de otras noticias que pueden ser perjudiciales, en el caso del partido de gobierno o cuando los perjudicados son los partidos de oposición se procura que la encuesta no apague la notica.

Todo esto se corrobora cuando una vez terminados los recuentos, los partidos dominantes suelen obtener menos votos que los pretendidos en las encuestas y los partidos minoritarios por el contrario obtienen mejores resultados de los previstos. La realidad no es otra que el uso partidista y mediático al que se ven sometidos los resultados de las encuestas, convierten a las mismas en papel mojado, en una democracia consolidada el rigor y la objetividad han de prevalecer sobre los intereses partidistas. La manipulación más evidente ocurre cuando el investigador decide la muestra, o lo que es lo mismo, la población sobre la que se somete el cuestionario. Como no podemos consultar a todo el espectro poblacional, se reduce la consulta del cuestionario a una porción representativa de la población. La realidad, tanto el tamaño de la muestra como la localización espacial de la misma, influyen en el tipo de respuesta que obtendremos. Tanto es así que no es igual encuestar en un barrio céntrico, que en uno periférico, o en una ciudad o en un pueblo, conociendo el resultado que pretendemos, llevaremos nuestra muestra a nuestros intereses.

Por todo ello, para no dejarnos arrastrar por el efecto bandwagon (subirse a carro ganador), debemos considerar a las encuestas, estimaciones, resultados relativos que de ninguna manera pueden condicionar nuestro voto. Una ciudadanía democrática y libre, debe votar por sus convicciones, su reflexión sobre las distintas propuestas, sus conclusiones sobre la práctica política de los distintos líderes y colaboradores de los distintos partidos, sobre todo por lo que le ofrecen y en qué medida esa oferta afecta a su condición de ciudadano.

@Polithiquea

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