PROPUESTA DE INVESTIDURA

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Algunos cambian de partido para defender sus principios y otros de principios para defender su partido.
Winston Churchill

Estamos inmersos en un impasse político, que genera incertidumbre, más por falta de praxis democrática que por inestabilidad alguna. Sin ánimo de echar por tierra los acuerdos alcanzados en la etapa conocida como Transición española, resulta evidente que las ganas de pasar página y guardar la ropa sucia primaron sobre la necesidad de edificar una democracia a partir de unas bases sólidas. Una vez más las prisas por un lado junto con la prolongación de esa transición durante décadas, tan solo se han visto justificadas a la hora de diluir las responsabilidades políticas de los facilitadores de la dictadura en las aguas mansas de la transición, sin pagar peaje alguno, de ahí los pataleos con todo lo referido a la Ley de Memoria Histórica, aquella que se tiene que aprobar en los plenos de los ayuntamientos su aplicación…por ejemplo. Con estos precedentes podemos entender que el devenir político que conlleva la investidura del Presidente de Gobierno, este envuelta en requiebros terminológicos y amenazas varías, apoyadas en comparaciones inverosímiles.

En todo caso, siguiendo los propósitos marcados por el ordenamiento jurídico, la investidura del Presidente, se inicia tras la ronda de consultas entre los diferentes líderes políticos, previamente designados sus respectivos grupos parlamentarios, con el Jefe de Estado. Una vez concluidas estas, el Jefe del Estado comunica al Presidente del Congreso cual es el candidato que reúne más apoyos para que sea propuesto como presidente, normalmente el del partido con más escaños. Este candidato se somete a la pertinente sesión de investidura en la que tras exponer el programa político del Gobierno solicita la confianza del Congreso. Si no alcanza mayoría absoluta, se someterá la misma propuesta a nueva votación 48 horas después de la anterior, y la confianza se entenderá otorgada si obtuviere la mayoría simple. Si tampoco obtiene la confianza de la Cámara, este candidato no podrá someterse a más votaciones de investidura. Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del Congreso.

Pues bien, algo tan sencillo como que el candidato propuesto para la investidura al no contar con mayoría absoluta, necesite de apoyos de otros grupos políticos para llegar a la mayoría suficiente, está provocando todo tipo de desencuentros dialecticos. Es en este punto donde se percibe la falta de cultura democrática corroborada por la aquiescencia manifiesta de una parte del electorado respecto a las directrices que transmiten los poderes de toda la vida. Si nuestro sistema de gobierno como dice la constitución es de tipo parlamentario, bajo la denominación de monarquía parlamentaria, en la que el poder emana del pueblo por medio del parlamento, con un sistema electoral proporcional, qué problema entraña entonces un gobierno de coalición con la participación de distintos partidos, por qué esas referencias al partido o lista más votado, si estas no tienen cabida dentro del ordenamiento actual.

En otras sociedades en las que la cultura democrática ha alcanzado cotas más altas, no reducen el debate a las distintas filiaciones ideológicas sino que lo extienden a los elementos clave como son las políticas públicas, sociales, económicas, sanitarias, educativas, etc., o las condiciones personales de los miembros del futuro gobierno para desarrollarlas. Estamos en el momento de la política, como proceso de contrapeso y equilibrio de los distintos poderes, para orientar las decisiones en beneficio del interés general. Disponer de una cultura democrática acorde a los tiempos que corren, similar a la de las democracias de nuestro entorno, significa no poner el acento en el temor al cambio, superar que posiblemente las fuerzas del bipartidismo que han guiado nuestra joven democracia hasta donde nos encontramos, han agotado su proyecto. Comprender que las fuerzas emergentes, surgidas de la necesidad de renovación y evolución también tienen el apoyo de una parte importante del electorado y que los electores no son de segunda, sus votos cuentan igual. Tanto que igual ha llegado el momento en el que la importancia del líder como tal sea relativizada a favor del trabajo en equipo, donde la aportación desde distintas ópticas o posicionamientos políticos pueden fomentar sinergias positivas. La incertidumbre surge ahora, no se debe a una situación de crisis política, más bien a todo lo contrario, estamos en un momento nuevo de negociación y consensos que las viejas democracias superaron a mediados del siglo pasado, mientras nosotros debido a las políticas reaccionarias de la dictadura totalitaria habíamos vuelto a la edad media, esa involución aún hoy nos confunde, no nos deja avanzar, cuando se cierre el proceso de investidura o se vuelvan a convocar elecciones habremos superado una etapa democrática, una más hasta alcanzar una verdadera cultura democrática.

@polithiquea

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